lunes, 25 de abril de 2011

¿Será posible la Gobernabilidad?

¿Será posible la Gobernabilidad?


Cuando uno se pone a pensar en la gobernabilidad en Guatemala, encuentra que el campo está mal trazado, que las reglas de juego han sido manoseadas, que los partidos políticos no son tales, que no existe la carrera política, mucho menos la carrera burocrática, que la mayoría de los funcionarios de los últimos gobiernos vienen de la iniciativa privada y que desconocen el funcionamiento del aparato gubernamental, aparte de tener poca o nula formación profesional, siendo la mayoría negociantes, que no existe un PROYECTO DE NACIÓN, que seguir, por lo que solo vemos improvisaciones y tonterías y para rematar el cuadro, el período presidencial es demasiado corto.

Como hemos podido notar, las reglas sobre las que jugamos o sea el andamiaje legal del Estado, es deficiente en demasía. Por un lado limita el juego democrático y por el otro deja total libertad a los improvisados funcionarios públicos a robar, lo que se denomina ENRIQUECIMIENTO ILÍCITO, obviamente con la complacencia de estos diz que políticos, que hasta el día de hoy han eludido aprobar una Ley que lo prohíba.

Un partido político es el ente de intermediación entre el pueblo y la dirección del Estado, pero nuestros partidos políticos no realizan esta gestión sino solamente sirven los intereses de los caudillos que los dirigen y son los dueños de los mismos, no tiene ideología ni principios.

La independencia de los poderes es limitada, ya que, el poder JUDICIAL es electo con todas las deficiencias, por uno de los tres poderes, el LEGISLATIVO y el manipuleo del PODER EJECUTIVO, con la intervención de las Universidades y la Sociedad Civil (que sigo sin explicarme como es que han llegado allí. ¿Quién los nombró?)

No existe un ENTE DE CONTROL DE LAS FINANZAS DEL ESTADO, con libertad de acción e independencia, LA CONTRALORÍA GENERAL DE CUENTAS, es una especie de juguete al cual dominan los políticos y los poderes del Estado. Debiera pensarse en que este ente sea funcional, totalmente autónomo y que sus decisiones sean vinculantes.

Debe pensarse en que este sea el CUARTO PODER DEL ESTADO.

Durante años se ha eludido, por parte del poder real, aprobar un presupuesto para la Educación que sea suficiente para brindar el saber a los estudiantes en forma adecuada, utilizando todos los medios modernos, la computación y las redes que proporciona la Internet. Debe dotarse al Ministerio de Educación de un presupuesto mínimo del 10% del presupuesto nacional, de no ser así, nunca saldremos del hoyo en que nos hayamos.
Otro sector que merece que su presupuesto sea adecuado para brindar un servicio de calidad, es la Salud. No es posible que en pleno siglo XXI se nos sigan muriendo nuestros compatriotas por hambre y la falta de un servicio universal de Salud, hay que dotar de un Presupuesto suficiente a este Ministerio, para que todos los guatemaltecos reciban un servicio de alta calidad.

El tercero de los servicios, la salud, sino mejora la cobertura educacional, nunca tendremos un país seguro, pero hablando del problema seguridad, considero que se debe refundar la Policía Nacional Civil, se debe terminar con la “jetatura” que sigue ejerciendo el Ejército Nacional sobre la misma, ya que los militares no son precisamente especialistas en seguridad ciudadana, por lo que la Academia de la Policía Nacional Civil, debe ser netamente civil y con un presupuesto que le permita, escalonadamente, ir sustituyendo al Ejército, ya que no existe amenaza alguna para el territorio nacional, por lo que el ejército debe desaparecer.

La seguridad debe tener un presupuesto que le permita tener un cuerpo profesional, con el que el guatemalteco se sienta seguro y protegido.

Obviamente que para que esto suceda, es necesario que exista la carrera política, esto es, que quien quiera dedicarse a la política, se prepare, que trabaje en diferentes cargos dentro de la administración pública y que estudie, se prepare para servir, no para servirse del Estado para su enriquecimiento personal o familiar. Se debe crear la carrera administrativa y respetarla, posiblemente los cargos de Ministros y Directores Generales sigan siendo políticos, pero los que los ocupen deben ser verdaderos políticos, para evitar que siga sucediendo que lleguen personas improvisadas a ocupar estos cargos, sin preparación en la administración, con la única consigna, enriquecerse.


Por eso vuelvo a tocar un tema que otras veces he mencionado, lo que nos falta es un PROYECTO DE NACIÓN, es decir, un proyecto que involucre a todos los partidos políticos y a todos los sectores sociales, en una visión de lo que debe ser nuestro país, que nos rija durante los próximos treinta años, en el que los sucesivos gobiernos encuentren el norte que debe regir su gestión, al cual pueden darle los matices que consideren convenientes, sin salirse de los objetivos generales.

No debemos seguir repitiendo el mismo esquema, cada cuatro años vuelve a comenzar el proceso, se hace borrón y cuenta nueva con los programas del anterior gobierno.

Pero para que este Proyecto de Nación sea viable, el periodo de gobierno debe reformarse e incrementarse a un sexenio.

La razón es que cada Administración se rige por un calendario de gobierno absurdo, el final de cada administración es año electoral, en el que los funcionarios se involucran y dejan de realizar sus tareas, entra el siguiente gobierno y durante el primer año no hace prácticamente nada, están aprendiendo o sea que entre el final de un gobierno y el inicio del otro se pierden dos años, quedan pues, dos años de trabajo. Entonces se trabaja dos años y se descansa dos años, ¿Se podrá progresar así?

Esto tendría como bien inmediato, que habría más trabajo realizado por el gobierno, la rapiña no sería tan violenta como lo es en la actualidad y los políticos-funcionarios aprenderían mejor su trabajo y no serían tan casuísticos.

Se podría planificar en mejor forma el trabajo gubernamental y no dejar inconclusos los programas, tomando en cuenta que al existir un Proyecto de Nación, los gobiernos que se sucedan no harán “borrón y cuenta nueva” con los proyectos.

Lo otro que es necesario legislar y aprobar, es que los partidos no vendan sus acciones a los grupos de poder, solo porque subvencionan sus campañas, para evitarlo debe ser el Estado quien subvencione la campaña de los partidos políticos, brindando las mismas oportunidades a todos los que contiendan, repartiendo durante tres meses tiempos iguales a los partidos inscritos para que planteen sus propuestas de trabajo e ideológicas en igualdad de oportunidades. Solo así se logrará una participación democrática de los partidos políticos.

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