miércoles, 21 de julio de 2010

EL FANTASMA DEL FANTASMA

Hace cincuenta años, el 13 de noviembre de 1960, se inició una insurrección militar en nuestro país, que tenía como eje de su acción, reivindicaciones militares, se sentían humillados por la decisión del gobierno de Miguel Idígoras de prestar el territorio nacional como base de entrenamiento y lanzamiento de la invasión a Cuba, organizada por la CIA y por la presencia de mercenarios cubanos en la finca Helvetia, en Retalhuleu, propiedad de la familia Alejos, con las condiciones que se le brindaban a ese ejército mercenario, que contrastaba con las condiciones en que vivía en ese momento el ejército guatemalteco, mal armamento, mal equipamiento y bajos salarios.

La historia deja constancia que ese levantamiento fue sofocado en pocas horas, allá en Izabal.

Entre los mismos oficiales que pactaron la insurrección hubo traiciones, no se levantaron las bases militares que se habían comprometido y los militares insurrectos tuvieron que salir al exilio hacia Honduras, algún tiempo después volvieron a Guatemala subrepticiamente y se acercaron a varios partidos políticos de esa época, ninguno quiso arroparlos, hasta que se encontraron al Partido Guatemalteco del Trabajo –PGT-, con el que conversaron largamente, llegando a formar las Fuerzas Armadas Revolucionarias –FAR- y aquellas reivindicaciones propias del ejército, se transformaron en reivindicaciones políticas y sociales del pueblo de Guatemala, lucha contra la miseria en que vivía (y aún vive) la mayoría de los guatemaltecos, contra la discriminación racial, la persecución política de miles y miles de guatemaltecos que tuvieron que abandonar el país por la cacería política que se desató a la llegada al poder del gobierno de Carlos Castillo Armas mercenario a las ordenes de los Estados Unidos, contra la corrupción que instauró el General Idígoras Fuentes en el país, en fin la lucha por un cambio político-social en nuestro país, que llevase a la formación de un gobierno con justicia social, que cambiara las caducas estructuras políticas y sociales de nuestro país.

Pero estas reformas no podían ni siquiera planteadas, mucho menos ser discutidas con los ejército ni la oligarquía, las oportunidades eran nulas, pensar, era un delito, era ponerse en la picota, para ser un perseguido político. La línea dura del ejército, era la que mandaba.

Ante la imposibilidad de impulsar las reformas por la vía política, se tuvo que pensar en la vía armada, dando origen a la etapa guerrillera que duró sangrientos 36 años.

Después de 36 años de lucha se comprendió que era necesario llegar a acuerdos con la oligarquía y el ejército, que terminasen con esos años de guerra interna y se firmaran los Acuerdos de Paz, firme y duradera.

Obviamente la situación de los años sesenta no es la misma que la que se vive en la actualidad, aunque las condiciones objetivas, como la pobreza extrema, la falta de oportunidades, la explotación irracional del campesinado, el racismo, la corrupción, a las que se han sumado el narcotráfico y la delincuencia organizada a altísimos niveles, mantengan al pueblo al borde de la histeria colectiva.

Con la Firma de la Paz, la oligarquía llevó a los sectores democráticos de izquierda a jugar en su “cancha” y bajo sus reglas, claro que hizo pequeñas concesiones, permitió el retorno y la reincorporación de los ciudadanos exiliados y abrió, limitadamente, espacios en las páginas editoriales de los medios de comunicación a ex militantes y simpatizantes de izquierda, que con el pasar de los años se han ido constriñendo y cerrando, se abrieron pequeños espacios para la organización popular, campesina y obrera, aunque poco a poco fueron corrompiendo esos espacios.

Es cierto que existe un cierto grado de libertad que permite expresarse y organizarse, dentro de ciertas limitaciones, indudablemente, no existe la cerrazón de espacios de los años sesentas. En eso no podemos equivocarnos.

Pero a pesar de estar jugando en la cancha, las reglas y las condiciones impuestas por la oligarquía, quieren volver a restringir, aún más, los espacios políticos, sociales y económicos, ante los pequeños esfuerzos de parte del gobierno actual, por hacer un poco más equitativas las relaciones del tejido social guatemalteco, principalmente de los más desposeídos y ese no fue el trato para la firma de la paz.

Por eso ante la posibilidad de que el sector que está en el poder, pueda repetir en las próximas elecciones y ampliar estas pequeñas conquistas, la oligarquía y el partido político fascista que la representa, el PP, han mantenido en jaque al actual gobierno, mediante una campaña de terror, desde el primer momento en que tomaron posesión del poder ejecutivo y me temo que se irá incrementado con el correr de los días previos a la campaña electoral.

Según los acuerdos de paz firmados, en lugar de cerrarse los espacios, los mismos debieran ampliarse y abrir nuevas oportunidades al pueblo de Guatemala, para ir cambiando la iniquidad de la vida del guatemalteco.

Mis fuentes, me han informado que en medios políticos se conoce que, son ellos, la oligarquía y todo su aparato ideológico, los que están detrás de la movilización de los sicarios y las maras, que existen escuadrones de la muerte en los cuerpos de seguridad, que no es casualidad que la granada explotada en un transporte urbano haya sido activada por medio de un teléfono celular, lo cual es tecnología terrorista, que únicamente disponen personas especializadas en el manejo de armas y explosivos que están utilizando y que estos provienen de esos cuerpos de seguridad, que la primera muerte de pilotos, de este año, está conectado con una camioneta tipo suburban, ¡¡¡que precisamente no es el tipo de vehículo que usarían los “mareros” o extorsionistas!!!

Para complementar este cuadro desolador, una serie de publicaciones y uso de los medios de comunicación masiva, para desacreditar los organismos de gobierno y las instituciones “democráticas”, transmitiendo un mensaje claro, a este gobierno hay que cortarle las alas, el último de estos artículos que me ha llamado la atención, es el que publica el licenciado Mario Fuentes Destarac, titulado “El Fantasma del Fraude”, en que dice que el pueblo “cree” que estamos ante el fantasma de un fraude electoral a favor del Partido gobernante, cuando la pregunta es si se cree que puede haber fraude, no se dice de parte de quien, pero ellos son los dueños de los medios y tienen el monopolio de divulgar o acallar opiniones o de interpretarlas a su libre albedrío, claro fingen inocencia, en especial el licenciado Mario Fuentes Destarac, que lo hace como un chisme, con toda la informalidad del caso, haciéndose pasar por alguien que se deja llevar por informaciones lanzadas al aire, como esas conversaciones que se escuchan en los buses o los mercados, pero lo raro es que él, en su vida, habrá estado en ninguno de esos lugares, simplemente está lanzando esas “bolas” a rodar en forma irresponsable, como si fuera un ignorante que puede hablar babosadas sin ninguna consecuencia, pero tampoco es un ignorante, ergo, es una campaña montada ex profeso para desacreditar el proceso electoral, destruir la credibilidad del Tribunal Supremo Electoral y sembrar la duda sobre los posibles resultados que puedan darse en las próximas elecciones y tener listo el argumento para que los militares de la línea dura, puedan dar un golpe de Estado, ese que está pendiente cuando les falló el que habían preparado con Rodrigo Rosenberg y ahora buscan otro tonto útil, aunque también están preparando otras formas de sustituir a este gobierno por las buenas o por las malas.

¿Acaso no era esa la forma en que se manejaban las elecciones durante las dictaduras militares en mancuerna con la oligarquía y la Embajada gringa, haciendo fraude? ¿No será que los que tienen experiencia para la realización de fraudes, sean los que estuvieron en el poder cuando estos se sucedían uno tras otro? antes de esta era, diz que democrática.

Esto de los artículos, como el que menciono, lo menos que pueden tener como calificativo, es desestabilizadores, pero una campaña sistemática de los mismos, constituiría un delito, de desestabilización del Estado, de la misma dimensión que el que se le endosó al muchacho aquel que envió correos electrónicos “desestabilizando” a un banco del sistema, aunque no se siguieron las mismas reglas cuando la campaña de desestabilización fue en contra de BANRURAL, por parte de otra entidad bancaria.

Tiene razón el Presidente, con el que no trabajo ni espero trabajar, de decir que el asesinato de pilotos, el lanzamiento de granadas en los autobuses, las familias sacadas de sus casas y ejecutadas, las amenazas, las extorsiones, son actos terroristas.

Pero le pregunto al señor Presidente, como Comandante General del Ejército de Guatemala, si él considera que son terroristas, entonces ¿Dónde está el aparato de la inteligencia militar y de inteligencia civil, que debiera tener a los responsables de estas acciones, perfectamente identificados y consignados ante las autoridades del poder judicial? Si no lo están, ¿qué está pasando, qué están haciendo?, o ¿será que le están ocultando información y están jugando en el otro lado de la cancha?



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