domingo, 19 de febrero de 2012

COMAYAGUA HUELE A EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL




Siguiendo con la tónica que se le dio en Guatemala, de limpieza social, durante el gobierno de Berger con sus “masacres boys”, encabezados por el Ministro de Gobernación Carlos Vielman, el Ministro de la Defensa Francisco Bermúdez, el Director de la Policía Nacional Civil Edwin Sperinsen, el Director de Presidios Alejandro Giamattei y su sequito de sicarios, todo parece indicar que la quema del penal de Comayagua fue algo intencional, planificado por las autoridades penitenciarias.

Qué otra cosa se puede pensar, cuando con el fuego en pleno desarrollo, se retrasó todo lo posible, dar la orden de abrir las puertas de las celdas, esperando hasta que la tragedia había alcanzado proporciones inconmensurables.

Creo que este tipo de comportamientos debe cortarse de tajo. Hizo bien el Presidente Lobo, de Honduras, al destituir a las autoridades penitenciarias y deberá investigarlas a fondo.

Es cierto que las cárceles de toda Centroamérica rebosan de presos, debido a los problemas estructurales de nuestras sociedades, pero no es posible que todos pretendan, del diente al diablo, “construir un Estado de Derecho”, cuando en la realidad siguen con la tradición del asesinato de delincuentes (limpieza social)

¿Para qué los tribunales de justicia?

Tenemos una sociedad enferma, con graves falencias, pero esas falencias hacen que muchos ganen mucho dinero con una sociedad tan violenta y que no les interese en lo más mínimo que la misma termine, aunque, como digo, del diente al labio, afirmen que están del lado de los que piden el cese de la violencia.

Dentro de nuestra forma hipócrita de proceder, la mayoría se somata el pecho en las iglesias, pidiendo perdón por sus pecados, pero en cuanto salen de los templos se transforman en otras personas, abusivos, agresivos, borrachos, peleoneros, explotadores y maltra-tadores de mujeres, (vean como esos mareros llevan grabadas cruces), muchos de ellos autoridades que se asignan el papel que le corresponde a los tribunales y deciden quien merece vivir y quien morir, entre los ciudadanos normales hablan del respeto a la vida pero no dudan en contribuir a las golpizas y a sacar gasolina de su carro para quemar a otro prójimo.

Díganme si es o no, hipócrita esa doble moral.

El Estado y la sociedad en general tenemos responsabilidad total en esto, no hemos creado la infraestructura de rehabilitación necesaria para incorporarlos a la sociedad, nunca se han construido cárceles que reúnan las condiciones mínimas de seguridad y habitabilidad (por favor no salgamos con la cantaleta de que están presos y por eso no merecen ninguna comodidad, porque es terrible cuando alguien “normal” por equivocación o cualquier eventualidad cae preso, ya que entonces reclamamos humanidad a un sistema que está diseñado para la degradación humana), no se han creado programas de reinserción de estos privados de libertad, no existen ni los espacios ni las personas para que estos marginados de la sociedad aprendan a leer, para que lean, para que estudien, para que trabajen, para ser divididos por categorías de delitos cometidos, en fin, para ser tratados como seres humanos.

Existen casos que rebasan cualquier medida humana y yo me pregunto, ¿Por qué los gobiernos no asumen su responsabilidad y hacen aplicar la pena de muerte a quien se lo merece, según condena de los tribunales?

Está claro que tenemos convenios internacionales que limitan la libertad del país para decidir la pena de muerte, pero en otras latitudes no tienen criminales de la calaña de los que tenemos en los países comprendidos entre México y Colombia, que se ufanan de sus crímenes, sin arrepentimiento alguno, protegidos por autoridades de seguridad y políticos, que hacen uso de su malas artes para sus fines aviesos y con cárceles que son cloacas, en las que los presos alcanzan grados de criminalidad como si asistieran a la Universidad para ello, y, en nuestro código penal si existe la pena de muerte. Muchos de ellos nunca serán útiles a la sociedad, después de permanecer presos durante años, esa puede ser publicidad de las ONG, pero la realidad es otra, espeluznante. Todo, los impulsará a delinquir, no hay oportunidades de trabajo, no existen posibilidades de desarrollo y no existe decisión política para cambiar.

Este es el cóctel del subdesarrollo. Una sociedad que los orilla a delinquir, pero que los anatemiza y persigue, cuando no les ha brindado ninguna posibilidad para no ser parias en su propia tierra, es el producto de un sistema capitalista feroz, que los exprime y los tira como bagazo.

Lo otro que es ineludible, es que se construyan verdaderas cárceles y que la autoridad en las mismas, sea gubernamental.

No es aceptable la existencia de los comités de orden a lo interno de las cárceles, ¿Cómo es posible que se vendan propiedades dentro de las cárceles, por parte de los reclusos y que se permita que sean ellos los que construyan sus viviendas y que desde allí se extorsione a ciudadanos y que, en el caso de Guatemala, los aparatos que instalaron los “masacre boys”, gastando una millonada, para anular la señal de los teléfonos que usan los convictos para sus tropelías, nunca hayan funcionado, sin que se les deduzca responsabilidades a estos funciónarios, cómo es posible que existan presos con privilegios especiales, como salir del reclusorio, con los permisos de ley?

Todo esto solo puede suceder con la complicidad de las autoridades al más alto nivel, definitivamente.

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