jueves, 31 de mayo de 2012

SANTA CRUZ BARILLAS, LA PUNTA DEL ICEBERG, EN UN PAÍS EN CONFLICTO PERMANENTE




Después de quinientos veinte años, no nos han dejado construir un país incluyente, seguimos siendo un tejido social desgarrado por las luchas intestinas, donde los gobiernos y los intereses internacionales, en esta simulada democracia, no han dejado que nos pongamos manos a la obra, para reconstruir ese tejido social, por lo que sigue imperando el caos y la mano dura contra la población más desfavorecida.

Conviven en nuestro territorio dos Guatemala, la brillante y cercana, rozando los beneficios del siglo veintiuno, concentrada en el núcleo urbano y la otra, la Guatemala profunda, la del interior, la que se debate entre el siglo diecinueve y veinte, marginada del desarrollo, sin suficiente cobertura educativa, de salud, seguridad, electrificación, servicios de agua potable, drenajes y alcantarillados.

Una Guatemala profunda a la que no se le reconocen sus derechos, en una sociedad intolerante, sin dirigentes políticos con estatura de estadistas, sin preparación de ningún tipo, enquistados en el poder para favorecer y enriquecer al círculo que los ha llevado a esos puestos.

Es tan chata la visión del país por parte de Otto Pérez Molina, que en vez de ofrecer investigar el atentado en contra de dirigentes comunales de Barillas, al mejor tenor de los dirigentes contrainsurgentes, ofreció declaraciones trasnochadas, que han servido para que la comunidad internacional se mofe de su escasa “cintura” política
Declaraciones risibles si es que no hubieran estado acompañadas de la imposición de Estado de Sitio, acciones militares y policiales, dignas de los tiempos de la represión.

En medio de su desatino, señaló a gobiernos extranjeros de subvencionar estos desordenes; según él, había en el país extranjeros organizando a los pobladores para luchar contra el gobierno y en una absurda mezcla, los narcotraficantes estaban armando a los campesinos, con el mismo fin. Declaraciones hechas sin pestañear, sin dudar, como si las informaciones que le llegan de la “inteligencia militar” plantearan una insurrección en contra de su gobierno, cuando la realidad es otra, es la protesta legitima de los ciudadanos de un lugar, a los que no les dan oportunidad de ser escuchados y tampoco se les da a conocer la versión de las autoridades acerca de los “beneficios” que les corresponderá por abrir esa actividad económica en su territorio.

No ha tenido la decencia de disculparse por sus declaraciones, cuando ya han sido capturados los dos asesinos, que ¡oh sorpresa!, eran empleados de la empresa hidroeléctrica y ya están tras las rejas.

Lo que retrató a Otto Pérez Molina de cuerpo entero, fue su accionar protegiendo a una empresa española, dándole la espalda a los pobladores, que debieran ser su prioridad, igual que lo ha hecho al aceptar las migajas que quieran pagar las empresas explotadoras de nuestros recursos naturales, apenas del 1 al 3% del precio de mercado de los productos que exploten y “declaren” las compañías en el país, cuando en China tienen que pagar cerca del 75 %, en Cuba, Canadá y Estados Unidos pagan el 45%, teniendo la obligación de aplicar tecnologías que no dañen el medio ambiente y a los vecinos, como condición prioritaria e ineludible. Y las empresas explotadoras no se van, pagan sin rechistar, menos cuando los gobernantes se comportan como limpiabotas de estos empresarios.

En nuestro país, el gobierno no se preocupa de poner limitaciones para no dañar al medioambiente y los habitantes, porque nuestras autoridades desestiman trabajar por el país y sirven los intereses de las compañías extranjeras, lo que les resulta más rentable.

La vocación de nuestro país indudablemente es generar energía eléctrica de forma hidroeléctrica para y evitar la dependencia de la energía producto de los derivados del petróleo (pero estas hidroeléctricas deben ser construidas y administradas por el INDE, para evitar la especulación mercantilista y no dejar que ese recurso vital y estratégico, quede en manos de la iniciativa privada y menos, en manos extranjeras)

Es indudable que hay que explotar los recursos naturales que yacen en nuestro subsuelo, siempre y cuando los primeros beneficiados sean los pobladores vecinos al proyecto, como una forma de compensación por usar sus recursos, y por ende el país, además, las empresas deben pagar regalías entre un 30 y un 45 % del valor de lo explotado, para que el país pueda desarrollarse y ese desarrollo alcance a todos los habitantes, con suficiente cobertura educativa, de salud, seguridad, electrificación, servicios de agua potable, drenajes y alcantarillados. Lo que obviamente fortalecerá el mercado interno, en beneficio de nuestra economía

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